Una mujer con un pasado triste y vergonzoso escuchó hablar de Jesús, decidió creer en Él y su vida cambió para siempre. Al pasar los años un día fue a visitar un gran museo de arte en Nueva York. Estaba asombrada con tantas bellezas, especialmente le llamó la atención un precioso mosaico, muy alegre y colorido. Se detuvo por unos minutos a observar detalladamente cada pedacito de vidrio y notó que por sí solos no tenían belleza, ni valor; eran simplemente pedacitos rotos de vidrio. Pero el artista tan talentoso y experto los había unido de una manera tan particular que había creado una obra de arte bellísima, única y de mucho valor. En ese momento ella vio su vida reflejada en ese mosaico. Era Dios el gran artista que había tomado su vida y la había transformado en una belleza. No importa cuán rota creas que estás, si pones tu vida en las manos de Dios, Él puede hacer de ti una preciosa obra de arte. "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12