Esta mañana, amaneció nublada. Afuera, no se veía nada. A menudo suelo quedarme unos minutos más en la cama, observando por la ventana el paisaje de las montañas, pero hoy fue la excepción. No había nada que ver, todo estaba gris. No había palmeras, no había movimiento, no había sol. Me hizo pensar cuánto amo este paisaje que me alegra todas las mañanas, y lo extrañé. Me levanté y mientras preparaba el desayuno, me dije: "Las montañas no se han ido, Débora; no estés triste. Solo porque hoy está nublado y no las puedas ver, no significa que ellas hayan dejado de existir; aún están ahí. Cuando la neblina desaparezca, las volverás a ver." De la misma manera, medité: "Débora, solo porque no veas obrar a Dios, no quiere decir que Él no esté trabajando a tu favor. No permitas que la neblina en tu corazón te haga dudar del amor de Dios. Dios no se ha ido; Dios está contigo, ¡aunque hoy no lo veas!" Alrededor del mediodía, la neblina ya se había disipado y,...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12