La primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer vio a través de la ventana que una vecina colgaba sábanas en el patio y dijo: “¡Qué sábanas tan sucias cuelga la vecina en el tendedero! ¿Quizás necesite un jabón nuevo? Debería aprender a lavar bien sus sábanas”. El marido miró hacia afuera y se quedó callado. Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso mientras la vecina tendía su ropa al sol. Al mes, la mujer se sorprendió al ver a la vecina tendiendo las sábanas limpias y, sorprendida, le dijo al marido: “¡Mira, la vecina aprendió a lavar la ropa! ¡Qué bien!”. El marido le respondió: “Amor, no es lo que piensas. Hoy me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana”. Cuando tenemos un corazón limpio y sano, podemos tener una perspectiva correcta de Dios, de nosotras mismas, de los demás y de todo lo que nos ocurre en esta vida. Todo comienza en el corazón. Con el corazón ves, con el corazón escuchas, con el corazón sientes. Todo lo que ...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12