Luego de dejar a mi hija menor en la escuela, mientras esperaba en el semáforo, miré cómo los árboles se movían. Nunca vi el viento, pero sabía que había viento. Los árboles bailaban esta mañana. ¿Qué música escucharían? ¿Cómo saben para dónde moverse? ¿O se dejan llevar? ¿Necesitaron aprender los pasos? ¡No había un arbolito que no bailara! Padre, hoy quiero escuchar la música como los árboles. Aunque hoy no te pueda ver, guía mis pasos. Quiero bailar. Creo que hiciste el viento para que creyéramos en tu existencia, aunque no podamos verte. No necesitamos verte para guiarnos; los árboles tampoco ven el viento. Hiciste el oxígeno para que entendamos que no necesitamos verte para necesitarte. Hiciste los olores para que creamos que no necesitamos verte para sentirte. El viento, el oxígeno, los olores: no los vemos, pero sabemos que existen y cuándo están presentes. Por eso puedo decir con certeza: ¡estás conmigo! ¡Estás con nosotras! Te puedo ver en las bendiciones que me rodean. En la ...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12