Luego de dejar a mi hija menor en la escuela, mientras esperaba en el semáforo, miré cómo los árboles se movían. Nunca vi el viento, pero sabía que había viento. Los árboles bailaban esta mañana. ¿Qué música escucharían? ¿Cómo saben para dónde moverse? ¿O se dejan llevar? ¿Necesitaron aprender los pasos? ¡No había un arbolito que no bailara!
Padre, hoy quiero escuchar la música como los árboles. Aunque hoy no te pueda ver, guía mis pasos. Quiero bailar.
Creo que hiciste el viento para que creyéramos en tu existencia, aunque no podamos verte. No necesitamos verte para guiarnos; los árboles tampoco ven el viento.
Hiciste el oxígeno para que entendamos que no necesitamos verte para necesitarte.
Hiciste los olores para que creamos que no necesitamos verte para sentirte.
El viento, el oxígeno, los olores: no los vemos, pero sabemos que existen y cuándo están presentes. Por eso puedo decir con certeza: ¡estás conmigo! ¡Estás con nosotras!
Te puedo ver en las bendiciones que me rodean. En la provisión, no nos hace falta nada. En los mimos, en las alegrías, en la protección divina… y, sobre todo, te siento en la paz que me inunda, en la fe que me mantiene de pie, en la esperanza de que tengas un futuro para mí, en la seguridad que me abraza, en la libertad que respiro, en la felicidad que le das a mi alma.
¿Quién puede convencerme de que no existes? Es como intentar convencerme de que el viento, el oxígeno o los olores no existen. ¿Quién puede convencerme de que no estás conmigo si esta semana te sentí tan cerquita? Aunque no te vi, todo mi ser estuvo sostenido por tu amor.
Vi paz en Bubba, nuestro gatito, aunque no podía tomar agua ni comer.
Vi paz en la doctora y en las enfermeras que lo atendieron.
Vi paz en mi hija cuando se durmió a mi lado.
Vi paz cuando despedimos a Bubba.
Vi paz de regreso a casa cuando volvíamos sin nuestra amada mascota.
Vi paz en medio de la noche cuando no podía dormir por tristeza.
Así como vi los árboles bailar esta mañana, sabía que había viento aunque no lo vi. Sé que existes aunque no te puedo ver, porque te veo en todo.
Quiero vivir la vida bailando, aunque no te pueda ver, guía mis pasos. Elige tú la música y el ritmo; enséñame los pasos y yo te sigo. Eso sí, tenme paciencia; no sé bailar. Por eso siempre bailo a solas, jaja.
Dejé de escribir para atender a mi hijo, que me llamaba por FaceTime. Estaba montado en un camello, en medio del desierto de Marruecos. ¡Qué experiencia! ¿Cómo no creer en Dios? ¡Mi hijo está en el desierto, feliz, bailando como los árboles! ¡Hay música! Solo Dios puede hacerlo posible. Hoy sé que estás presente en nuestras vidas; aunque no te pueda ver, te veo.
Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
Isaías 43:2 (NVI)
"Cuando pases por las aguas, estaré contigo; y cuando pases por los ríos, no te barrerán. Cuando camines a través del fuego, no serás quemado; las llamas no te incendiarán."
Versículos clave sobre la presencia de Dios:
Isaías 43:2: Promete protección a través de aguas profundas y fuego, asegurando que las pruebas no te abrumarán.
Mateo 28:20: Jesús promete: "Y he aquí, yo estoy con vosotros siempre, hasta el fin de los años".
Deuteronomio 31:8: "El Señor mismo va delante de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará".
Isaías 41:10: "No temas, porque yo estoy contigo; no te desmayes, porque yo soy tu Dios".

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