Esta tarde fuimos con las niñas a caminar por un sendero entre las montañas que tenemos cerca de la casa, en el sur de California. Es un clima seco, con muy poca vegetación, pedregoso y con mucha arena. No hay casi ninguna sombra, pero sí algunos animales que pueden intimidarte; sin embargo, la vista es espléndida. Vale la pena todo el esfuerzo y cada gota de valentía que tengas para subir y admirar esa belleza. Justo era la hora del atardecer. El sol radiante iluminaba las montañas y acariciaba cada rincón de mi alma con sus colores. ¡Qué hermoso es el sol! Por supuesto, yo, muy tranquila, admirando la naturaleza, iba a un paso más lento. No tengo ninguna prisa por llegar a mi destino, pero sí tengo mucho interés en aprender en el camino. Sea cual sea el sendero que me toque caminar, me pregunto: ¿Qué puedo aprender hoy? Cuando menos lo esperaba, sucedió. En el momento oportuno, la enseñanza llegó. Un color amarillo entre los arbustos llamó mi atención. Me acerqué y, admirada, me ...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12