En una ocasión, dos vendedores de zapatos fueron enviados a una isla lejana y desconocida con la difícil tarea de vender allí. Uno de los vendedores de zapatos se llamaba René y el otro Ramón. Veamos los reportes que ambos zapateros dieron a su jefe al llegar a la isla: Ramón. Jefe, han sido dos días de viaje agotadores. La comida estuvo malísima y me quedé mal del estómago en el barco, pero bueno, al fin llegué a la isla. Desgraciadamente, le tengo pésimas noticias. La gente aquí es tan atrasada que ni siquiera usa zapatos; simplemente anda descalza. Me devuelvo para allá mañana mismo. ¡Lo siento! René. Hola, jefe, el sol por aquí es radiante y la brisa marina increíblemente refrescante. He tenido dos días completos para organizar mi trabajo en la isla y hasta he podido ayudar al chef del barco a preparar unos platillos. Le tengo magníficas noticias: aquí todos necesitan zapatos; repito: nadie tiene zapatos. Vamos a hacer una venta loca. Por favor, envíeme lo antes posible todos ...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12