Era el mes de enero, estábamos con mi familia en Texas en casa de mis padres. Nos habíamos escapado del frío y de la nieve de New Jersey. El sol de Texas siempre nos recibe muy alegre. En una de esas tardes cuando estábamos saliendo todos para ir a la iglesia me llamó la atención el olor a agua salada que sentía en el aire, y dije asombrada— “ ¿sienten qué fuerte es el olor a sal? ”. Todos me miraron confundidos y decian— “ yo no huelo nada ” . Me sorprendió que nadie a mi alrededor oliera lo que yo olía. Me tomó unos pocos segundos para reaccionar y darme cuenta de que justo unos minutos antes de salir de la casa me había hecho un enjuage en la nariz, estaba resfriada y mi madre me lo había recomendado para mi nariz tapada. Era un enjuague de agua tibia y salinas. ¡Qué gracioso me pareció cuando me di cuenta! Le dije a todos riendo—“¡soy yo, soy yo, es mi nariz!”. Por supuesto ya te imaginarás la cara que me pusieron ja, ja, ja. Sí, siempre he sido un poco despistada. Después de ese ...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12