Con los ojos cerrados, recostada en la camilla, apretaba los dientes y me repetía a mí misma una y otra vez: ¡Débora, valdrá la pena! ¡Soporta un poquito más! Mientras trataba de soportar el dolor de una limpieza facial profunda, me vino a la mente la reina Ester. ¿Recuerdas la historia de Ester en la Biblia? En esa zona donde vivía Ester, el calor, el viento y la arena causaban estragos en los rostros de las mujeres, y la falta de agua tampoco ayudaba. Para que Ester pudiera presentarse ante el rey, tuvo que soportar un intenso proceso de embellecimiento que duraría doce meses (Ester 2:12). ¿Qué habrá sentido Ester en esos doce meses? ¿Habrán sido incómodos los tratamientos de belleza? ¿Tú crees que sintió dolor durante el proceso? Ponte en sus zapatos por un minuto e imagínate todos los procedimientos de belleza que seguramente tuvo que haber tenido. Hoy pensé en ella... y me imaginé preguntándole: ¿Ester, la belleza duele? Creo que a todas las mujeres nos gust...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12