El sol radiante me despertó, y me invitó a bajar hasta la cocina a tomarme un delicioso café. Muy entusiasmada y enamorada, acepté. Amo las mañanas. Amo estar a solas con El, en las primeras horas del día; siempre son mis favoritas. Me recuerdan que sus misericordias son nuevas, que su amor nunca deja de ser; que hoy, El me regala otra oportunidad, que puedo intentarlo otra vez, que quizás hoy, sea el día de mi milagro, quizás sea el último día de espera. El me inspira a escribir, meditar, leer, y me ayuda a planear las aventuras que tendré; ¡es mi momento favorito del día! Nunca he tenido un día igual al anterior, Dios siempre me sorprende. Pero hoy, apenas bajé para comenzar mi día, me esperaba algo desagradable, que había olvidado resolver el día interior; o quizás, mejor dicho, ignorado y evadido. Esa emoción de alegría por comenzar un nuevo día, ¡se esfumó al instante que vi el fregadero lleno de platos sucios! ¿Quién quiere comenzar el día lavando platos d...
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. Salmos 90:12