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¿Te puedes reír del mañana?


En una ocasión, dos vendedores de zapatos fueron enviados a una isla lejana y desconocida con la difícil tarea de vender allí. Uno de los vendedores de zapatos se llamaba René y el otro Ramón. Veamos los reportes que ambos zapateros dieron a su jefe al llegar a la isla:

Ramón. Jefe, han sido dos días de viaje agotadores. La comida estuvo malísima y me quedé mal del estómago en el barco, pero bueno, al fin llegué a la isla. Desgraciadamente, le tengo pésimas noticias. La gente aquí es tan atrasada que ni siquiera usa zapatos; simplemente anda descalza. Me devuelvo para allá mañana mismo. ¡Lo siento!

René. Hola, jefe, el sol por aquí es radiante y la brisa marina increíblemente refrescante. He tenido dos días completos para organizar mi trabajo en la isla y hasta he podido ayudar al chef del barco a preparar unos platillos. Le tengo magníficas noticias: aquí todos necesitan zapatos; repito: nadie tiene zapatos. Vamos a hacer una venta loca. Por favor, envíeme lo antes posible todos los zapatos que tenga en bodega, sé que los voy a vender todos. ¡No me espere pronto!

¿Cuál es tu actitud?

Cuando en la vida te enfrentas a un problemita: ¿Qué piensas? Cuando las cosas no salen como esperabas, ¿qué piensas? Cuando recibes un nuevo desafío, ¿qué piensas? ¿Cómo reaccionas? ¿Cuál es tu reporte de lo que estás viviendo ahora mismo?

Todos los días se nos presentan oportunidades para preocuparnos o ocuparnos, para celebrar o entristecernos, para crecer o quejarnos. Una misma circunstancia puede provocar diferentes reacciones en la gente; todo depende de cómo la vean. Nunca olvides, «siempre puedes decidir qué ver», y lo que decidas ver afectará tu actitud.

No puedes depender de cuántos seres queridos y amigos estén hoy contigo, de cuántas riquezas hayas heredado o de cuánto dinero tengas en tu cuenta bancaria. Nadie puede estar totalmente seguro de que nada de eso cambiará de un día para otro. La vida puede cambiarnos por completo en cualquier momento. Absolutamente nadie conoce su futuro. El día de mañana es incierto para todos. En un segundo, una tormenta puede cambiarnos la vida. Una decisión, un fracaso, un diagnóstico, una pérdida… ¿o no?

Sentir incertidumbre no te hace una persona negativa, te hace humana. Nadie tiene el control total de su vida. ¿Y si pierdo el trabajo? ¿Y si mi esposo deja de amarme? ¿Y si fracaso en mi negocio? ¿Y si pierdo la casa?... De estos pensamientos nadie puede escapar; todos seremos tentados a preocuparnos por lo que podría pasar. Todos luchamos con pensamientos negativos; es normal. No te sientas mal. Lo que no podemos entender ni controlar siempre nos dará miedo. Ahora, lo que no debemos permitir es que la incertidumbre ante lo desconocido nuble nuestra visión, controle nuestra actitud, nos robe la paz y decida por nosotras; especialmente si creemos en Dios y confiamos en que Él siempre estará con nosotras. Cuando se convierta en hábito para ti entrenar a diario tu mente y descansar en el carácter de Dios y en sus promesas, serás más sabia; como consecuencia, pensarás bien y podrás VER con fe y no con temor. No verás los problemas como obstáculos, sino como oportunidades para aprender y crecer. Te será más fácil enfocarte en lo importante...

No te digo que entrenar tu mente sea fácil ni que ocurra de un día para otro. ¡No! Me ha tomado muchos años aprender lo que hoy comparto contigo. Es un proceso y aún lucho con pensamientos de incertidumbre. Pero qué bueno que Dios siempre está vigilante para ayudarme; está presente cuando lo necesito. Él no se cansa de recordarme sus promesas. ¡Él es mi consejero! Él me recuerda a diario: “Niña, no te afanes por el día de mañana, nunca soltaré tu mano”. No olvides que de TODO lo que te ocurra en la vida puedes aprender…

“Fuerza y honor son su vestidura; Y se ríe de lo por venir” Proverbios 31:25

¿Te puedes reír del mañana?
¡Sí, puedes! Porque tu enfoque no está en ti, sino en quien está contigo.





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