
Esta tarde fuimos con las niñas a caminar por un sendero entre las montañas que tenemos cerca de la casa, en el sur de California. Es un clima seco, con muy poca vegetación, pedregoso y con mucha arena. No hay casi ninguna sombra, pero sí algunos animales que pueden intimidarte; sin embargo, la vista es espléndida. Vale la pena todo el esfuerzo y cada gota de valentía que tengas para subir y admirar esa belleza. Justo era la hora del atardecer. El sol radiante iluminaba las montañas y acariciaba cada rincón de mi alma con sus colores. ¡Qué hermoso es el sol! Por supuesto, yo, muy tranquila, admirando la naturaleza, iba a un paso más lento. No tengo ninguna prisa por llegar a mi destino, pero sí tengo mucho interés en aprender en el camino. Sea cual sea el sendero que me toque caminar, me pregunto: ¿Qué puedo aprender hoy?
Cuando menos lo esperaba, sucedió. En el momento oportuno, la enseñanza llegó. Un color amarillo entre los arbustos llamó mi atención. Me acerqué y, admirada, me di cuenta de que, entre todo lo que parecía muerto, había una planta pequeña con un fruto. No sabía qué era, así que me esforcé por arrancarlo para poder verlo más de cerca y mostrarles a mis niñas lo que había encontrado en esas montañas casi desérticas.
Cuando lo tuve en mis manos, me di cuenta de que era un mini zapallo. Era de la medida de una mandarina, tenía un color bellísimo, pero estaba inmaduro. Era el único que estaba ahí. No sé cómo pudo nacer una planta de zapallos en una tierra tan seca y árida, pero ahí estaba.
Me quedé mirándolo unos segundos y medité: ¡Es tan pequeño ahora, pero tiene tanto potencial por dentro para ser un GRAN zapallo!
Cuando reaccioné de repente y pensé: ¡Oh, no! ¿Por qué lo arranqué? Ahora nunca llegará a ser lo que debería haber sido si yo no lo hubiese arrancado. Nadie podrá comer de él. Se quedará duro y agrio por el poco tiempo de vida que le queda. Servirá solo para que la gente vea su lindo color mientras le dure, y luego morirá en un rincón de la frutera, cuando podría haber sido un GRAN zapallo, tierno y dulce, con el potencial de alimentar a muchos animalitos.
Al rato alcancé a mis niñas y, con una sonrisa de asombro, les dije: "¡Miren lo que encontré! ¡Me parece que es un mini zapallito!". Inconscientemente, pensé que si yo me veía feliz por haber encontrado un zapallito en las montañas, ellas también lo estarían y me ayudarían a olvidar la culpa que sentía, pero no fue así. Kristen, la pequeña, me miró muy sorprendida y me dijo: "Why didn't you let it grow?" (¿Por qué no le permitiste crecer?). Como si no fuera suficiente la culpa que sentía por haber arrancado a ese pobre zapallito de su fuente de vida, ahora ni siquiera mi hija estaba de acuerdo.
Oración:
¡Padre, creo que el mensaje es claro hoy! Ayúdame a esperar tu tiempo de procesamiento. Quiero estar conectada a mi fuente de vida y de CRECER hasta la estatura que Tú diseñaste para mí. Padre, también te pido que nunca permitas que nadie me arrebate de tu voluntad. Que, cuando llegue mi día de partir a tu presencia, haya sido todo lo que Tú deseaste que yo fuera, y que todo lo que me diste para dar se quede aquí en esta tierra.
"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos;
el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto;

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