Sonrió al pensar en las maneras en que Dios me enseña principios básicos para mi crecimiento espiritual…
Suelo no entenderlos completamente, cómo funcionan en mí, hasta que Él me demuestra el proceso de crecimiento con su creación, y ahí me cae la ficha: “¡Wow! ¡Eso es lo que estás haciendo conmigo!”
¡Todo el tiempo!
Suelo no entenderlos completamente, cómo funcionan en mí, hasta que Él me demuestra el proceso de crecimiento con su creación, y ahí me cae la ficha: “¡Wow! ¡Eso es lo que estás haciendo conmigo!”
¡Todo el tiempo!
¿Te conté del arbolito de aguacate que quiero tener? ¡Lo corté y creo que lo maté! Aprendí que no se trata de simplemente cortarlo, sino de saber dónde podar la rama para que crezca más fuerte. No lo sabía.
Cada vez que lo miro, Él me recuerda: “No tengas miedo, yo soy experto en cuidarte y sé dónde necesito podarte; no vas a morir como el arbolito”.
El segundo arbolito que comenzó a crecer no lo corté, sino que lo puse afuera para que recibiera más sol y así lo mate. Aparentemente, no era lo suficientemente fuerte como para soportar tanto sol. No sabia que son tan fragiles. Y también aprendí con este arbolito: Dios me recuerda: “Yo sé cuándo vas a poder recibir más sol; no te afanes por querer salir de aquí; no te voy a quitar del ambiente en el que estás hasta que estés lista”.
Ahora comenzó a hablarme a través de este delicioso pan que quiero aprender a hacer. En resumen, este pan tiene un proceso muy lento y complejo. Se hace creando la levadura con bacterias que uno debe alimentar durante casi dos semanas, hasta que crezca y esté activa para leudar el pan. Lo grandioso de este pan es que se prepara sin levadura artificial; es muy digestivo y súper saludable para nuestra microbiota. Es pan a la antigua, rico en nutrientes.
Hace tiempo que quería aprender, pero me desanimaba un poco el proceso y la necesidad de alimentar las bacterias todos los días. Mi hermana Melodie me dijo: “Es como una mascota: tenés que darle un nombre, no podés olvidarte de alimentarla y tenés que comprometerte a cuidarla”.
Este último viaje, cuando vino Melodie, me animó a intentarlo. Crié tres hijos; tengo dos gatos. Creo que puedo cuidar bacterias, jaja.
Hoy es la tercera vez que intento hacer este pan y ya puedo ver que tiene más pinta que el primero y el segundo. No sé si salga esta vez. Ahora mismo está fermentando y tengo que esperar varias horas para ver si esta vez logro prepararlo correctamente.
Lo que sí sé es que no me daré por vencida. Me propuse regalar panes para Navidad; tengo casi tres meses para seguir aprendiendo y creo que lo lograré.
El versículo del otro día tuvo más sentido que nunca: “si el Espíritu vive en vosotros… os vivificará” (Romanos 8:11). ¡Wow! Me voló la cabeza. Al instante recordé las palabras de Melodie: “Deb, si la bacteria está VIVA en la masa, lo verás, CRECERÁ”. Le pregunté varias veces: “¿Pero qué tengo que hacer para que la bacteria esté viva y activa?” Me repetía: “Solo alimentarla todos los días con harina y agua”.
Desde ese día, algo cambió en mí… entendí cómo ocurre mi propio crecimiento. Cada vez que alimentaba las bacterias, no podía evitar compararlas con mi espíritu. También necesito alimentarlo con la palabra y mi adoración.
Ahora que comprendí mucho más el proceso, ya no busco un crecimiento artificial: parecer que crezco, pero sin vida en mí, sin ningún nutriente. De ahora en adelante, estoy aún más comprometida a cuidar de que el Espíritu esté activo en mí. Él crecerá en mí y me hará crecer.
Si no hay crecimiento en mí, es porque simplemente no está activo en mí; necesito alimentarlo, igual que a la masa madre.
Antes de comenzar a hacer el pan, le volví a preguntar a Melo cómo sé si la bacteria está viva antes de agregarla a la masa; me dijo: “Vas a comenzar a ver burbujas y luego, con las horas, se va a duplicar, hasta triplicar su volumen”.
El otro día vi que amanecí con una burbuja (pensaba muy diferente a como acostumbro pensar; me di cuenta de que perdonarme y perdonar fue mucho más fácil) y me alegré tanto como el día en que llamé a Melodie por FaceTime para mostrarle que mi masa madre tenía burbujas; ella exclamó: “¡Esaaa, la bacteria está viva, Deb!”. Ahora era yo quien exclamaba con gran emoción: ¡El Espíritu está vivo en mí!
Me sorprendió porque la burbuja salió sola, sin esfuerzo ni sacrificio. No dolió, no costó, ni sé cuándo ocurrió, pero ahí estaba, recordándome que aunque hoy no lo vea, Él está vivo y activo en mí, y si está vivo, es solo cuestión de tiempo: ¡voy a crecer!
Otra similitud que recordé recién… luego de que la masa de pan fermenta y crece, uno tiene que ponerla en la heladera toda la noche.
Una cocinera en YouTube dijo: “Cuando saques el pan de la heladera, no lo vas a ver más crecido por fuera, pero eso no quiere decir que no haya crecido por dentro”.
Busqué en Google y dice esto…
Colocar la masa de pan en la heladera después de que empieza a fermentar (un proceso llamado fermentación en frío o retardación) no es estrictamente obligatorio, pero mejora drásticamente la calidad del pan.
Aquí te explico las razones principales de por qué se hace:
Desarrolla mucho más sabor: A bajas temperaturas (entre 4 °C y 6 °C), las levaduras se vuelven muy lentas, pero las bacterias lácticas y acéticas siguen trabajando. Estas bacterias producen ácidos que le dan al pan un sabor más complejo y profundo, con ese toque característico del pan artesanal o de masa madre.
Mejora la estructura y la corteza: El frío ralentiza la producción de gas. Esto permite que el gluten se relaje y se fortalezca al mismo tiempo, logrando una miga más alveolada (con burbujas más lindas) y una corteza más crujiente y dorada al hornearse.
Facilita el corte (muescado): La masa fría es mucho más firme y menos pegajosa. Esto hace que sea mucho más fácil realizar los cortes superficiales (el "gremñado") con una cuchilla antes de meterlo en el horno, lo que ayuda a que el pan se expanda de forma controlada.
¿Ves las similitudes? ¡Wow!
¡Soy un pan y no me había dado cuenta!
El Espíritu es como las bacterias: no lo puedo ver, pero sí puedo ver si está activo en mí.
Si lo alimento todos los días, primero comenzaré a notar burbujas; luego notaré crecimiento y seré más flexible y elástica; y cuando esté lo suficientemente lista y crecida, Dios me pondrá en el horno para que todos puedan comer y disfrutar de la VIDA que llevo dentro.
¿Y sabes? Es solo cuando el pan sale del horno que se ve por completo cuánto fermentaron las bacterias en la heladera y cuánto SABOR le dieron al pan. El horno es necesario.
No importa todo este proceso; si el pan no pasa por el horno, no es comestible.
¿En qué parte del proceso estás: burbujas, amasado, estiramiento o horno?
No lo sé, pero sí sé que si el Espíritu está activo en ti, él terminará la obra en ti y serás un pan delicioso y nutritivo.
Declaró Jesús: «Yo soy el pan de vida; el que viene a mí de ninguna forma tendrá hambre, y el que cree en mí, nunca más tendrá sed» Juan 6:35 TCB

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