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¡Amada y libre!


Esta mañana, les di de comer a los gatitos y luego me hice una taza de café. Me senté en mi sillón, tomé una manta para tapar mis pies y comencé a escribirle a Dios, como hago todos los días. 

 

Y comencé: “Una paz enorme inunda mi corazón; hoy amanecí con el corazón muy agradecido. Mi hijo varón volvió a casa para las fiestas, y al ver a todos mis “niños” disfrutar de estar juntos, me ha llenado el alma. 

En estos días he tenido muchos momentos felices y quiero escribirlos antes de que se me olviden. Con el paso de los años, me encanta volver a recordarlos y, especialmente, agradecerle a Dios por cada uno de ellos”.

 

Es hermoso registrar la fidelidad de Dios, recordar su bondad, su protección, sus mimos… ¡Te lo recomiendo!

Al terminar de escribir, comencé a buscar versículos para meditar y encontré uno muy singular que llamó mi atención. 

 

“Ustedes han sido “liberados” porque ACEPTARON el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la “liberación”, sino que Dios se la REGALÓ” (Efesios 2:8)

 

¡Me encantó! Pensé: ¡Es verdad! ¡Lo he vivido! 

Me tomó años aprender que la liberación en mi vida no viene por desearla, sino que necesito ACEPTAR el amor de Dios para recibirla. 


Te cuento algunos ejemplos:

- Fui libre del temor a la gente cuando acepté que el amor de Dios me defendería siempre.
- Fui libre de la escasez cuando acepté que el amor de Dios haría que nunca me faltara nada. 
- Fui libre de una relación sin amor cuando acepté que el amor de Dios quería que yo fuera feliz. 
- Fui libre de la culpa de lastimar a mis hijos cuando acepté que el amor de Dios cuidaría sus corazones. 
- Fui libre de la ansiedad por el futuro cuando acepté que el amor de Dios tenía planes de bien para mí. 
- Fui libre de la soledad cuando acepté que el amor de Dios siempre estaría presente y nunca me dejaría. 
- Fui libre del rechazo cuando acepté que el amor de Dios nunca me rechazaría y, si Él no me rechaza, ¿qué importa si la gente me rechaza? 
- Fui libre de sentirme escondida cuando acepté que el amor de Dios es quien me está protegiendo. 
- Fui libre del dolor cuando acepté que es el amor de Dios, quien me poda, porque sabe que puedo dar mucho más fruto. 
- Fui libre cada vez que acepté Su amor 
❤️

 

Amiga, si sientes que no eres libre en algún área de tu vida, te invito a hacerte la misma pregunta que me hice esta mañana: “¿En qué área aún no me siento completamente libre?”

La vida es solo una y corta. Todas las mañanas, al lavarme la cara, lo puedo ver: la juventud se va, un día a la vez. 

Hoy cumplo un día menos de vida, y esa nueva cana rebelde quiere que no lo olvide; ¿por qué no buscar la paz y ser feliz durante el resto de los días que nos quedan? Todos los días podemos ser liberadas de algo que nos esclaviza, nos hace envejecer más rápido, nos enferma y nos quita la paz y el gozo. ¡Qué emoción siento al pensar que hoy puede ser ese día en que soltemos temores y seamos más libres! ¿Te animas?

 

Si supiera que los tatuajes no van a doler, creo que me pondría uno, en alguna parte, que dijera “Amada”; ¡para no olvidarme nunca de que soy libre!


No bien decía: «Mis pies resbalan»,
    cuando ya tu gran amor, Señor, venía en mi ayuda.
 Cuando en mí la angustia iba en aumento,
    tu consuelo llenaba mi alma de alegría.
Salmo 94:18-19



Comentarios

  1. ¡Hermoso escrito!🫶🏻 Gracias por compartirlo Debora! Palabras llenas de sabiduría y mucho amor de Dios!

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Muchísimas gracias por compartir y comentar.

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