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Cajita de fotos


Hace unos días, miraba las fotos de mis hijos cuando eran pequeños.
Corrían lágrimas por mis mejillas, al recordar esos momentos vividos, y al reconocer que esos tiempos, ya no los tendré más.

Nunca más, me llegarán a la cintura, nunca más, me pedirán jugar y disfrazarme, nunca más, me van a suplicar dormir conmigo, o que los mire jugar en la piscina o saltar en el trampolín.
¡Nunca más! ¡Nunca más!

Y al recordarlo, lloré porque extrañaba aquellos momentos que nunca más regresarán.
Lloré, por las veces que no los supe disfrutar y por las veces que me entristecí, porque no tenía tiempo ni para dormir.
Lloré, porque hoy me hace falta uno de esos abrazos que parecían nunca terminar.
Lloré, porque me encantaría volverlos a ver pequeños, aunque sea un día más.

Esa noche, me di cuenta que necesitaba soltar esos momentos; ya no puedo retenerlos, necesitan volar.
Vendrán nuevos momentos con ellos, pero aquellos, ya no más.

Y al pensar en el enorme privilegio que Dios me dio de ser su mamá y por cada alegría que me regalaron, me dije: “No me deben nada. Mi recompensa fue ser su mamá”.

No espero nada de ellos, todo lo que quería, ya me lo dieron; fui feliz, no me puedo quejar. Me dieron los besos y los abrazos más sinceros que recibí en toda mi vida. Me dieron los regalos más valiosos. Los poemas más dulces, las risas más alegres y las sonrisas más radiantes, que jamás haya visto.
Me dieron todo lo que soñaba tener de niña, me dieron la oportunidad de “jugar a ser mamá”.
Al recordarlo lloré, y me dije: “es la última vez que vas a llorar de tristeza por esos momentos que ya no regresarán”.

Esa noche hice el funeral de aquellos tiempos y los solté. Cerré la cajita de recuerdos con una sonrisa y pensé: “¡qué afortunada fui!”
Y entonces, se fue ese sentimiento de tristeza, y las lágrimas comenzaron a ser solo por agradecimiento. Aquella expectativa que sin darme cuenta había depositado en ellos (por tener más de esos momentos) terminó.

No quiero que vuelvan a ser, quienes fueron alguna vez. A no despegarse de mi lado, y a regalarme dibujos todos los días para colgar en la pared.
Quiero verlos dependientes, seguros…y está bien que no me necesiten; significa que hice un buen trabajo. Quiero disfrutar verlos volar y asombrarme con todo lo que Dios preparó para ellos.

Abracé la cajita de fotos y me dije: “Como mamá sembraste y ya cosechaste mucho más de lo que jamás imaginaste”.

"Como madre que consuela a su hijo, así yo consolaré a ustedes" Isaias 66:13















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