¡Qué bueno sería si pudiéramos grabar todos nuestros pensamientos y todas nuestras palabras! "¡Qué fea!, ¡Qué flaca!, ¡Qué gorda!, ¡Qué tonta!”
Nos sorprendería la cantidad de cualidades y comentarios sin amor que nos decimos a nosotras mismas a diario.
¿Sabías que la Biblia dice que nuestras palabras provienen del corazón?
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Lucas 6:45).
¿Qué hay en nuestro corazón? ¿Por qué nos despreciamos? ¿Por qué nos rebajamos? ¿Por qué no nos amamos a nosotras mismas como deberíamos? ¿Si nuestro espejo hablara, qué nos diría? ¿Cuál sería su opinión acerca de nosotras? ¿Qué nos decimos cuando nadie nos ve?
El enemigo quiere que estemos insatisfechas con quienes somos, porque entonces comenzaremos a despreciarnos. Él sabe lo valiosas que somos para Dios; por eso hará todo lo posible por hacernos sentir inseguras, sin valor ni propósito. Cuando te insultas, insultas a Dios. Su plan es que la creación odie a su creador perfecto y desconozca su propio valor. ¡No caigamos en su trampa! ¡No nos menospreciemos! No permitamos que el enemigo nos mienta más.
En estos últimos años de mi vida, Dios me ha enseñado a amarme más y aún tengo mucho que aprender. ¡Dios no ha terminado conmigo!
Me corrige cuando se me escapa un comentario no muy grato de mí misma y me recuerda, “¡Debbie, no te digas eso!” Él me ha enseñado a aceptarme tal y como soy, un poco despistada, olvidadiza... y ahora, en vez de decirme: “¡qué tonta soy!”, comienzo a reírme de mí misma y me digo, “¡qué divertida soy!”.
Porque no se trata de nuestros atributos, de nuestra inteligencia ni de nuestros talentos. Si fuera así, muchas de nosotras estaríamos descalificadas porque no todas tenemos el título de "Mujer Maravilla”.
No se trata de las posesiones que tenemos, de lo que hicimos ayer o de lo que haremos mañana; se trata de descubrir "quiénes somos".
"Yo proclamaré el decreto del Señor: Tú eres mi hija, me ha dicho" (Salmos 2:7).
Cuando realmente creemos que somos hijas de Dios, comenzamos a entender cuán valiosas somos. Dios nos ama, ¡somos suyas!
Amiga, Dios nos hizo maravillosas y nos ama tal como somos.
Nos sorprendería la cantidad de cualidades y comentarios sin amor que nos decimos a nosotras mismas a diario.
¿Sabías que la Biblia dice que nuestras palabras provienen del corazón?
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Lucas 6:45).
¿Qué hay en nuestro corazón? ¿Por qué nos despreciamos? ¿Por qué nos rebajamos? ¿Por qué no nos amamos a nosotras mismas como deberíamos? ¿Si nuestro espejo hablara, qué nos diría? ¿Cuál sería su opinión acerca de nosotras? ¿Qué nos decimos cuando nadie nos ve?
El enemigo quiere que estemos insatisfechas con quienes somos, porque entonces comenzaremos a despreciarnos. Él sabe lo valiosas que somos para Dios; por eso hará todo lo posible por hacernos sentir inseguras, sin valor ni propósito. Cuando te insultas, insultas a Dios. Su plan es que la creación odie a su creador perfecto y desconozca su propio valor. ¡No caigamos en su trampa! ¡No nos menospreciemos! No permitamos que el enemigo nos mienta más.
En estos últimos años de mi vida, Dios me ha enseñado a amarme más y aún tengo mucho que aprender. ¡Dios no ha terminado conmigo!
Me corrige cuando se me escapa un comentario no muy grato de mí misma y me recuerda, “¡Debbie, no te digas eso!” Él me ha enseñado a aceptarme tal y como soy, un poco despistada, olvidadiza... y ahora, en vez de decirme: “¡qué tonta soy!”, comienzo a reírme de mí misma y me digo, “¡qué divertida soy!”.
Porque no se trata de nuestros atributos, de nuestra inteligencia ni de nuestros talentos. Si fuera así, muchas de nosotras estaríamos descalificadas porque no todas tenemos el título de "Mujer Maravilla”.
No se trata de las posesiones que tenemos, de lo que hicimos ayer o de lo que haremos mañana; se trata de descubrir "quiénes somos".
"Yo proclamaré el decreto del Señor: Tú eres mi hija, me ha dicho" (Salmos 2:7).
Cuando realmente creemos que somos hijas de Dios, comenzamos a entender cuán valiosas somos. Dios nos ama, ¡somos suyas!
Amiga, Dios nos hizo maravillosas y nos ama tal como somos.
¿Puedes creerlo? Mira lo que dice este versículo:
"Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo" (Proverbios 16:24 NVI).
Tus palabras tienen mucho poder. Te recomiendo mirarte al espejo, sonreír y decírtelo a ti misma: ¡Qué maravilla que soy! ¡Soy una creación admirable! Como dice mi mamá: "¡No soy una mujer maravillosa, pero Dios me ha hecho maravillosa!"
La gratitud mantiene el corazón abierto al amor.
Estoy agradecida por ser maravillosa.
No hay nadie como tú.
Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!
Salmos 139:13-14

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