Cuando Jesús desembarcó, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermos. Al atardecer se acercaron los discípulos, diciendo: «El lugar está desierto y la hora ya es avanzada; despide, pues, a las multitudes para que vayan a las aldeas y se compren alimentos». Pero Jesús les dijo: «No hay necesidad de que se vayan; denles ustedes de comer». Entonces ellos dijeron*: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». «Traigan acá los panes y los peces», les dijo. Y, ordenando a la muchedumbre que se sentara sobre la hierba, Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentos. Después partió los panes y se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud. Todos comieron y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenas. Y los que comieron fueron unos 5,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños. Mateo 14:14-21
Ya hace más de un año y medio que estoy sirviendo en el café de la iglesia donde me congrego. Podría escribir un libro de cuanto he aprendido en este ministerio que tanto amo.
Te confieso, que no ha sido nada fácil alimentar a tanta gente. Y siento que aún tengo muchísimo más que aprender. Aunque no siempre lo vi así, me alegro que las canas no vinieron solas, con la edad también vino la experiencia y ahora le doy la bienvenida a los desafíos que Dios pone delante mío. Finalmente, he entendido que Él los permite para entrenarme, no para fastidiarme.
Me entusiasma saber que cada domingo, mi carácter se pondrá a prueba y podré ver qué fruto estoy desarrollando. Es evidente que Dios usa cada oportunidad para moldear mi corazón y para mostrarme el Suyo; nunca pierde el tiempo, ni una sola vez.
Hoy, cuando pensaba en los comentarios que recibimos y en cómo mejorar nuestro servicio, recordé el milagro de la multiplicación y pensé, "Wow, ¡lo que habrá sido para los discípulos, alimentar a esos miles!".
- “¿No podría tostarme el pan?”
- “¿No tienen salmón?, este tipo de pescado no me gusta”
- “Mi mujer no come pan, ¿no tienen galletas gluten free?”
- “¿No reparten cubiertos y servilletas?”
- “Perdón; Pedro solo me dio dos panes…y uno estaba mordido”
- “A mi hijo no le gusta el pescado, ¿no tienen algo de carne o pollo?”
- “¿Hay comida para bebé?, ¿no sabe si Jesús multiplicó algo livianito?”
Hoy vi esta historia con ojos nuevos, y pensé ¿cómo no lo vi antes? Necesitaba servir en el café, servir a mucha, muchísima gente, para entender que esta historia, no solo se trata del corazón compasivo de Jesús y de su poder para alimentar una multitud con el almuerzo de un niño. ¡Definitivamente, también se trata de una clase intensiva de servicio!
“Denle VOSOTROS de comer” les dijo Jesús.
“¿De veras? ¿Nosotros? Podrías pedirle a unos cientos que nos ayuden ¿no? Son mucha gente”; “Jesús, ¿no te parece que hubiera sido mucho más fácil que la comida cayera del cielo como el maná? O mejor aún, que apareciera milagrosamente en sus bolsas, o tal vez en sus propias manos. ¡Ufff, eso sí, hubiera sido un gran milagro!
¿Por qué Jesús les pidió a ellos que sirvieran?
Hoy se me ocurrió: ¿Y si la multiplicación fue la excusa de Jesús para entrenar el corazón de sus discípulos para el ministerio?
¿No será que quiso enseñarles lo imposible que es tratar de complacer a todos?
Te puedo garantizar que esa tarde los discípulos se cansaron de escuchar “¡yo merezco más!”, “¡esto no me gusta!”, "¡quiero otra cosa!"... muchas veces, ciento de veces.
Me imagino el agotamiento que sintieron al terminar la jornada y el desánimo que les dejaron los comentarios de la gente, que nunca queda satisfecha.
Hoy estoy segurísima que sí. Tanto como lo estoy de que Jesús me quiere enseñar lo mismo a mí: "Niña, solo sigue mis instrucciones, haz lo mejor que puedas, sirve con amor y recuerda NUNCA VAS A PODER AGRADAR A TODOS".
El objetivo es obedecer, no es agradar.
Muchas veces, nos creemos la mentira que debemos darle a la gente todo lo que nos pide, y no es así. Nuestra responsabilidad es ser compasivos, amar la gente y servirles de la mejor manera posible, incluso aunque nunca nos agradezcan por hacerlo.
No siempre vamos a poder cumplir todos los deseos, y eso está bien. Si hoy te sientes cansada por el gentío que te rodea y no se cansa de pedir, está bien, no te desanimes. Respira profundo, entrégale a Dios toda carga y continúa en tu misión. Con cada acción de servicio, tu corazón está siendo probado como el oro, y eso también está bien.
¡Eso significa que eres discípulo! Tú eliges ser servida o servir.
En resumen, a mi déjame servir con Jesús, que al final del día, cuando le cuento todas las ocurrencias, ¡es mucho más divertido!
Así que no nos cansemos de hacer el bien, porque si lo hacemos sin desmayar, a su debido tiempo recogeremos la cosecha. Gálatas 6:9

Que linda reelección gracias bendiciones 😘
ResponderBorrarHermoso!!💜💜💜
ResponderBorrarAunque aveces placeria darles un sartenaso para que enderecen sus habitos. Jajaja. Buena reflexion.
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