Recientemente, aprendí que la tristeza que más sentimos proviene de enfocarnos demasiado en nuestro pasado: el abuso que vivimos, la injusticia, el rechazo, el abandono, la culpa... y la ansiedad casi siempre proviene de pensar demasiado en el futuro. ¿Cuándo terminaré mis estudios? ¿Cuándo voy a pagar la deuda? ¿Cuándo conseguiré el trabajo que quiero? ¿Cuándo me darán la promoción? ¿Cuándo me voy a casar? ¿Cuándo tendré mi casa? Siempre estamos esperando algo o a alguien... ¿o no?
Esa noche sentí que Dios interrumpió mis pensamientos y me dijo: ¿Estuvieras tan preocupada si supieras que hoy es el último día de espera? ¿Y si supieras que hoy es el último día antes de tu gran victoria? ¿Y si supieras que mañana vas a reír a carcajadas?
Rápidamente le respondí: ¡Creo que no, creo que estaría mucho más tranquila si hoy fuera el último día!
- ¿Preocuparte te ha ayudado alguna vez?
- ¡No! Nunca... me ha robado la paz y hasta me ha enfermado.
- Entonces ¿por qué no decides creer que hoy es el último día?
- ¿Y si no lo es, Señor?
- ¿Y si crees que lo es?
Me puedo imaginar el desfile de preguntas que pueden pasar por tu mente en esos momentos de preocupación. ¿Será que algún día Dios responderá mi oración? ¿Será que a Dios le importa mi problema? ¿Será que Dios conoce mi situación? ¿Será que Dios entiende cómo me siento? ¡Sí! Sí a todas tus preguntas. Dios es soberano, Él conoce toda tu vida, todos tus problemas, todas tus inseguridades, todas tus debilidades... e incluso lo que tú no conoces de ti misma. Él te ama con un amor perfecto y eterno. ¿Cómo no le vas a importar?
Todo lo que Dios te prometió, Él lo cumplirá, y todo lo que estás esperando de Dios, en Su tiempo, llegará. ¿Y por qué Dios se tarda? puedes llegar a pensar. Dios nunca se tarda; Él siempre llega justo a tiempo. ¿Y cuándo llegará Su tiempo? Esa es la gran pregunta del millón... yo también quiero saber.
Me encantaría que Dios me dijera el día y la hora, ¿o no? ¿No sería fantástico? Pero imagínate por un momento, si Dios nos diera todos los detalles, ¿aprenderíamos a confiar en Él? Por supuesto que no, estaríamos todos los días pendientes del calendario y del reloj en vez de estar atentas a Su voz.
Recuerda esto: "el tiempo de espera nunca es tiempo perdido, siempre es tiempo de preparación”. Dios no es sordo y nada se le escapa; Él está trabajando con nosotras. Estamos en las manos del gran alfarero. Créeme, saldrás más sabia después de esta tormenta. Cuando te toque esperar, recuerda...
El tiempo de espera nos enseña a obedecer y a depender más de Dios...
El tiempo de espera nos enseña a estar gozosas, sin importar las circunstancias que tengamos que vivir...
El tiempo de espera nos enseña a confiar en Dios y a tener paz aunque no entendamos por lo que estamos pasando...
El tiempo de espera nos enseña a ser agradecidas por lo que sí tenemos y por quien sí tenemos...
El tiempo de espera nos enseña a ser más creativas y a entrenar más duro...
El tiempo de espera nos prepara para la cosecha, para la victoria, para la promoción...
Llegará el día en que entenderás por qué era necesario pasar por tormentas, por desiertos, por muchos tiempos de espera... todo te hará sentido. ¡Créemelo, me ha pasado! Como José, puedo testificar que las temporadas más difíciles de mi vida no se debieron a que Dios se hubiera olvidado de mí ni a que me estuviera castigando, sino todo lo contrario. Era parte de Su gran plan para formar mi carácter, para instruirme, para entrenarme, para darme experiencia... todo conforme al propósito que, antes de que yo naciera, Él había predestinado para mí. Cuanto más larga la espera y más largo el entrenamiento, más grande es el propósito. ¡No te rindas, amiga! Mira cuán lejos has llegado... y aun así Él no ha terminado contigo.
Cómo me gustaría que les enviaras un texto a Sara, a Ana, a Rut, a Ester... y a tantas mujeres más de la Biblia, y les preguntaras: ¿qué aprendiste mientras esperabas tu milagro?
Recuerda siempre: Dios está más interesado en que tú le conozcas a Él y descubras quién eres (la verdadera tú) que en solucionar tu problema temporal. Dios quiere que madures, que crezcas, que te ejercites y que nada ni nadie te haga dudar de tu Dios ni de quién eres. Ni tus sentimientos ni tu círculo más cercano, que solo Su voz guíe tu vida.
Te vuelvo a preguntar: ¿Y si lo fuera, si hoy fuera el último día de tu aflicción, qué harías diferente? Te aseguro que estarías más tranquila y menos preocupada. No olvides: mañana, el problema de hoy será parte de tu pasado. Mañana pensarás: ¿y yo, por qué me preocupaba tanto?
Ya sé lo que estás pensando: "Débora, me encanta tu optimismo, pero ¿qué hago si mañana sigue la tormenta?" Bueno, primero, confía en la gracia de Dios y espera Su promesa un día más. Dios prometió que Su gracia sería suficiente y que Él no permitiría que soportáramos más de lo que pudiéramos soportar con Él. (1 Corintios 10:13).
Segundo, Dios te conoce; Él te hizo y sabe de qué estás hecha, cuánto calor puedes soportar, qué tan rápido puedes correr y lo alto que puedes volar. ¡Nunca lo olvides! Él te diseñó; eres Su obra de arte...
Tercero, vuelve a creer que es tu último día... y así hasta que obtengas tu victoria. Te prometo que la pasarás mucho mejor pensando así que preocupándote, porque tu tormenta parece no terminar nunca. Me viene a la mente el cartelito que había en los negocios de mi país cuando yo era pequeña; decía: "Mañana fiamos, hoy no". Luego, al día siguiente, ibas y decías exactamente lo mismo, ¿te acuerdas?
¡Ánimo, amiga! No te recomiendo algo que yo no intente hacer todos los días de mi vida. Todas estamos esperando algo. No importa cuán perfecta parezca tu vida en Instagram, te lo diré otra vez: todas estamos esperando algo. Hay días en los que la espera es más fácil que en otros. No te voy a mentir ni hacerme la súper paciente aquí contigo; ninguno de mis procesos ha sido fácil, pero algo sí me he determinado: ¡no me rendiré! Lo intentaré una y otra vez. ¡Hoy puede ser mi último día de espera! Mi vida puede cambiar en un instante. Lo único permanente en mi vida es Dios; Él nunca cambia, Él no puede cambiar... pero todo lo demás, absolutamente todo, está sujeto a cambio. ¡Todo! En un segundo todo puede cambiar... ¡Así que no me voy a amargar! Niña, sécate las lágrimas y ¡vamos a jugar!
Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. Proverbios 31:25

Muchas gracias por la exhortacion (animo) para seguir adelante! De hoy en adelante hay que seguir adorando, danzando en medio del desierto como si fuera nuestro ultimo dia. Unos dias atras meditaba en Salmos 23:4. Y recordaba de cuando el Profeta Ezequiel estaba en el Valle de huesos secos; en nuestro Valle tenemos la opcion de ser el profeta a nuestra situacion o quedarnos secos (muertos en medio del proceso). I choose life! ¡Won't He do it again!
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