Me la encontré días atrás, en el sanitario de la Iglesia. Hermosa, divina, casi un ángel. No recuerdo quién comenzó la conversación, pero en cuestión de segundos, todas allí sabíamos que esa dama radiante ¡tenía 93 años!
Todas las mujeres, muy sorprendidas, opinaban lo mismo:
- ¡Señora, usted no aparenta su edad! -exclamaban casi al unísono.
Mientras la contemplaba, pensé: ¡cuánta sabiduría debería guardar en su corazón, esta dama de oro! ¡Me encontré con un diamante! ¡Me encontré un tesoro, el día menos pensado, y nada menos que en un baño público!
Admiro a la gente con espíritu joven. Me cae bien la gente alegre. Me gusta conocer gente apasionada. Creo que en cierto modo, esto se debe a que siempre he querido mantenerme joven, alegre y apasionada.
De manera que, como amo cultivar esas características en mi propio carácter, me atreví a hacerle esa pregunta a la dama.
Razoné que quizás nunca volvería a encontrarla y concluí que no tendría otra oportunidad tan maravillosa como esta, que ahora mismo la providencia divina me estaba ofreciendo.
—No voy a desperdiciar este momento —pensé—. ¿Quién mejor que ella para enseñarme?
—Señora —le dije—, ¿cuál es su secreto?
Al preguntarle, ocurrió una suerte de milagro: todas las mujeres, de manera unánime, guardaron un respetuoso silencio. Creo que hasta dejaron de lavarse las manos, solo por escucharla. Todas fijaron la mirada en la señora, esperando que ella respondiera con su dulce voz y nos diera de beber el elixir de la eterna juventud.
Ella nos miró con ternura y nos sonrió como una madre lo hace con sus hijas, hasta que finalmente dijo:
—Mi secreto es SER POSITIVA, AMAR MUCHO, SER AGRADECIDA Y NO SENTARME.
Simple y al punto. Ni siquiera tuvo que pensarlo. Fue como preguntarle su nombre o su talla de calzado. Solo para estar segura, se lo volví a preguntar y ella comenzó a explicarlo en detalle.
Me dijo que en la vida siempre habría momentos desagradables, pero que mantuviera una actitud positiva. Que no tuviera miedo de amar mucho, mucho. Que fuera siempre agradecida con todo y que nunca me sentara, que me mantuviera activa.
Apenas terminó de exponer su “secreto”, una mujer “religiosa” (supongo que nunca faltan) la inquirió: —Ahá, ¿y Dios?
Yo tenía ganas de decirle: «¿Hablas en serio? ¿No te das cuenta? ¿No es acaso obvio?
Pero afortunadamente, la longeva y experimentada dama le respondió en un tono más dulce y paciente: —Hija, Dios es todo. Dios es primordial.
Amiga, siempre que te encuentres con un hermoso jardín, nunca creas que se hizo o se cuidó solo. Nada crece de un día para otro. Un hermoso jardín requiere tiempo y mucho esfuerzo.
Dios es nuestra fuente de vida; Él nos dio el sol, la tierra y las semillas para sembrar, pero son nuestras decisiones y nuestra actitud las que terminan por determinar cómo se verá nuestro jardín.
Si hoy miras tu vida y no es lo que deseas, examina tus decisiones, cambia tu actitud y dale tiempo... ¡te sorprenderá lo que ocurre!
"No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra." Gálatas 6:7
La ACTITUD lo es todo en la vida. Es un 10% lo que te pasa y un 90% cómo reaccionas.

Muchas Gracias Amada Pastora Debora gracias por compartir o grande amor de Dios, atraves deste testemunio, sim eres unica e especial llena de amor e dones ,que Dios conceda todos os deseos de tu corazon e seas mas llena del Espirito Santo
ResponderBorrarGracias Pastora Debora
ResponderBorrarAmen! :) Bendiciones Pastora Debora!
ResponderBorrarWuaoooo! Que hermosa enseñanza!!!!
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