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El dulce más hermoso


Mi hija menor tiene una gran admiración por todos los dulces que existen. De pequeña, siempre le han gustado mucho y, al recordarle el daño que esa clase de azúcar le hace a su cuerpo, siempre trato de que ella entienda y decida por sí misma cuántos comer. Aunque le he hablado cantidad de veces, de vez en cuando le encuentro algunas evidencias en su cuarto de que estuvo comiendo sin permiso (siempre logra conseguirlos). Hemos hablado varias veces acerca del daño que hace comer muchos dulces, pero pareciera que el deseo de saborear unos buenos chocolates es más fuerte que el de obedecerme. Hoy hablé con ella justamente sobre este tema. Le dije: "Kristen, ¿por qué comes dulces a escondidas? Tú sabes que no son buenos para ti, que te hacen daño... ¿acaso no te amas?"

Al instante de hacerle esa pregunta a Kristen, sentí a Dios preguntarme: "Débora, ¿por qué comes lo que no debes comer a escondidas? Tú sabes que no es bueno para ti, que te hace daño... ¿acaso no te amas?"

¡Auch! Eso dolió... y de eso te voy a escribir.
Voy a abrirte mi corazón otra vez... ¿estás lista?
En ocasiones, a escondidas, mi alma come lo que no debe. En ocasiones, cuando me encuentro un poco distraída, un poco vacía, un poco aburrida... sin pensar mucho, escojo el primer dulce que encuentro; usualmente me satisface de inmediato y hasta me llena por unos minutos, pero no me aporta ningún beneficio. No me nutre, no me sana, no me ayuda, pero en ese momento me da tanta satisfacción que olvido las consecuencias negativas que dejará en mi alma. Como el azúcar de un dulce, me da placer, pero es sólo temporal. Lo único que deja es una sensación de culpa y vergüenza que me enferma, pero aun así caigo otra vez en la trampa de buscar un momentito de placer cuando ni siquiera lo planeaba. "Un dulcecito más no me hará daño", me digo una y otra vez. Sin darme cuenta de que cada vez que como un dulce se me hace cada vez más difícil dejar de comer otro, otro, otro y otro más.

Justamente en estos días he estado muy pensativa sobre mis deseos y he aprendido que no necesariamente todos son malos. Dios nos ha creado con muchos deseos de ser felices y de ser amadas, y esos nunca se irán de nosotras sin importar cuántos años tengamos. Siempre los tendremos. Siempre sentiremos la necesidad de complacer esos deseos en nosotras. Nuestra alma desea delicias, así fuimos creadas. No importa cuánto ores para que el deseo que tienes por algo dulce en tu vida se vaya, quiero dejarte saber que ¡no se irá! Y no hay nada malo en satisfacer el alma con dulzura; el problema está en satisfacer ese deseo con azúcar mala. ¡Sí! Todo aquello que sabe dulce, pero es veneno. 

«Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica» 1 Corintios 10:23

En vez de preguntarnos si es bueno o malo, si es pecado o no, deberíamos preguntarnos: ¿me conviene? En mi cocina trato de evitar la clase de dulces que no aportan ninguna nutrición, ¡tú sabes! Esos que son puuuura azúcar mala. ¡De esos no quiero ninguno! Porque me conozco: en cualquier momento del día me pueden dar antojos de algo dulce, y sé que en ese momento me será mucho más difícil escoger si tengo opciones, así que prefiero tener sólo dulces saludables.

Así es también con el alma. No está mal desear dulzura, lo malo es el dulce malo que solemos darle en apuros. Estoy aprendiendo a quitar de mi vida todo lo que no me conviene... me conozco lo suficiente como para saber qué dulce me tienta y cuál no. Tú te conoces y sabes que te será más difícil optar por lo saludable en esos momentos de antojos. ¡Es más difícil escoger!

Ahora, te recomiendo estar cerca de Él.
El dulce más hermoso que experimentarás en toda tu vida es Su amor...
Nadie te ama como Él...
Nadie te mira como Él...
Nadie te entiende como Él...
Nadie te mima como Él...
Nadie te habla como Él...
Nadie te escucha como Él...
Nadie te hace compañía como Él...
Nadie te acaricia como Él...
Nadie te hace sonreír como Él...

Amiga, todo el amor, la aceptación, la aprobación, la afirmación que tu alma desea están en Su presencia... En Su presencia hay plenitud de gozo y siempre encontrarás delicias para tu alma. Esta dulzura no te hace daño; es eterna y muy saludable. Llénate con Su dulzura y verás que te será más fácil no caer por la otra dulzura barata, que es solo puuuuura azúcar.

Él es el amor de mi vida... Su amor es tan dulce como la miel... y no lo cambio por nadie.

"Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre" Salmos 16:11



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