¿Recuerdas la historia de Ester en la Biblia? En esa zona donde vivía Ester, el calor, el viento y la arena causaban estragos en los rostros de las mujeres, y la falta de agua tampoco ayudaba. Para que Ester pudiera presentarse ante el rey, tuvo que soportar un intenso proceso de embellecimiento que duraría doce meses (Ester 2:12).
¿Qué habrá sentido Ester en esos doce meses? ¿Habrán sido incómodos los tratamientos de belleza? ¿Tú crees que sintió dolor durante el proceso? Ponte en sus zapatos por un minuto e imagínate todos los procedimientos de belleza que seguramente tuvo que haber tenido.
Hoy pensé en ella... y me imaginé preguntándole: ¿Ester, la belleza duele?
Creo que a todas las mujeres nos gusta vernos lindas, jóvenes, radiantes... ¡Qué persona más simpática la que nos dice: «No pareces tener tu edad! ¡Te ves radiante!» Automáticamente nos cae bien, ¿verdad? Aunque nos esté mintiendo...ja, ja, ja.
Sabemos que la belleza exterior duele, y aun así no hay incomodidad que nos detenga cuando queremos mejorar la estética. Pero a menudo me pregunto si tenemos la misma tolerancia al dolor que implica alcanzar una belleza incorruptible. Hablo de la belleza interna, la belleza de tu alma.
¿Será que, en ocasiones, olvidamos que la belleza duele?
Si no, pregúntale a Jesús. Él nos entiende mejor que nadie. La Biblia dice que Él soportó el sufrimiento por la belleza que obtendría (Hebreos 12:2).
Muchas veces nos enfocamos en el dolor que sentimos y no en la belleza que ese dolor producirá en nosotras cuando nos dejamos procesar por Dios. Es por eso que decidí escribirte sobre los beneficios que recibirás si aguantas un poquito más el dolor...
Estoy segura de que el dolor que sientes ahora mismo, Dios lo está utilizando como herramienta para embellecerte. Él está extrayendo de ti todas esas impurezas que no deseas tener; orgullo, falta de perdón, rechazo, tristeza, inseguridad... Lo he visto una y otra vez en mi vida. ¡Dios es experto en transformarte!
En los momentos más difíciles de mi vida, aprendí que Dios nunca me abandona.
En los momentos de traición, aprendí que Dios es justo y me defiende.
En los momentos en que no me sentí amada por la gente, Dios me mimó más que nadie.
Cada belleza que he recibido en mi vida siempre ha sido producto de un dolor previo que tuve que presentarle a Dios y soportar.
El dolor que has sentido no se puede comparar con la alegría que sentirás cuando todo haya pasado.
Hoy ya no le tengo tanto miedo al dolor; cierro los ojos, respiro hondo y me imagino la belleza que producirá en mí si soporto un poquito más.
Cuando Dios termine este proceso, serás más fuerte, segura, valiente, feliz, paciente, fiel, humilde, amorosa, bondadosa... No sé tú, ¡yo quiero un corazón radiante!
Amiga, ¡aguanta un poquito más! Te están embelleciendo... ¡Y la belleza duele!
Lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante (2 Corintios 4:17).

¡Aguanta un poquito mas!
ResponderBorrarAmén
Yo quiero un corazón radiante!
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